22/1/12

Chiflado en éste mundo

Es concepto de considerar común y de entender al alcance de la mano lo de estar chiflado en este mundo patas arriba, abigarrado de puntos de inflexión incardinados en estantes de intereses encontrados y contrapuestos. El éxito es no estarlo, y el que lo esta por definición se encuentra vagabundo en este “mundanal mundo” desorientado. Así lo argumenta un chiflado que en la sucesión de los días, recibe un toque mental a modo de golpe certero de esgrima y en su pensamiento aparece a modo de “bocadillo” de tebeo una nube con el contenido: -¡touché!, en ese instante frena su caminar, se vuelve sobre sí y la sombra de la guitarra que lleva al hombro le engaña a modo de compañía fantasma, ¡no, no hay nadie..., guardia bajada!, la alerta mental indica al vagabundo del mundo no encontrarse en ningún lugar ni familiar ni buscado. Está en el punto de partida, ...no son las seis, le falta un cuarto, ...no hay local alrededor, ...nadie lo mira, ¡no es el blanco!. Y ¿qué hacer?, el mundo sigue...
...Un té con limón a eso de las seis de la tarde, las piernas cruzadas en asterisco y los codos encallados en la mesa de mármol recibiendo en sus narices el evaporar de la taza dejándose envolver con las emanaciones de la infusión semitapada en gesto de paladear la ligereza del aroma impregnado en sus efluvios ...mientras, en su recóndita visión mental elucubra sobre el porqué de la hora y sus cuartos. Siempre hace lo mismo y acaba sin tomarlo, en el ejercicio dicho, hallaba el placer del ritual. ...Todos los días, a las seis de la tarde, en el “café real”, daba igual el nombre del establecimiento y la ubicación urbana verdadera, ...era el “café real” con su distinción insigne, sus mesas de mármol, sus sillas de madera en color marrón barnizado y su respaldo encargado de abrazar la cintura del huésped, su sabor parisino, su “todo” envuelto en una imaginación inigualable y en una descripción imaginada indescriptible. ¡No, no hay que estar chiflado! Lo mejor, la llegada al establecimiento, una escenificación repetitiva, calzado en un pantalón vaquero roto a la moda, una chupa vaquera precedida de una camiseta gris de manga larga con un bolsillo superpuesto y dejándose ver por arriba, por abajo y entre las mangas, peinado a remolinos, un macuto por zurrón, unas “gafas John Lennon” y una guitarra arrastrada al hombro, ...¡una pintura de lienzo! no por su “desapercibido” aspecto sino por el despistado cromatismo de sus movimientos, ...¡un cromo, qué coño! Así conseguía ser el blanco de los “externos” -por considerarlo interno de manicomio- que cada uno a lo suyo de reojo comentaban la estridencia del curioso individuo, y él, chiflado, sabiéndose observado veía cumplido su objetivo “sin proponérselo”, ser el blanco.
...Un reloj de bolsillo llegado a este desde la cadena que lo fijaba a la trabilla de la cintura del pantalón, le daba el aviso puntualmente encargado: -¡las seis, la hora del té, el primer establecimiento a la vista era el “café real”..., sólo cambiaba el lugar, daba lo mismo en Pekín que en Madrid, la hora en punto obligaba a que fuera el “café real”. ...La guitarra era simple compañía, no sabía tocarla, le hacía las veces de taburete, de cabecera, de almacén y de solapa de las pegatinas publicitarias que a modo de pertenencias preciadas adhería en recuerdo de nada y de ningún sitio, ...no viajaba.
En cada lugar marcaba el tiempo, su tiempo, hablaba a quien le miraba de las lindezas del té que nunca tomaba, no intentaba convencer, ni lo hacía, ...estaba a todo y a nada, habitaba en el mundo, tomaba sus decisiones vitales con acomodo, usaba para si sus argumentos y chiflaba con sus labios, sin chifle, esgrimiendo notas de sentido inconcluso..., sus tic formaban parte de sus manías ancladas, también, como las pegatinas a su guitarra.
Él, estaba en el mundo, en su mundo, de acá para allá, de las Maldivas a las Bahamas; de Canarias a Murcia, a Málaga, al Norte, a ninguna parte, ...no tenía casa. El clima, inverosimil, al pairo, él y sus circunstancias. El registro de sus peripecias era plano como un encefalograma en parada vital, solo un residuo visible, la hora del té en el “café real”, lo demás estaba de más, consideraba que lo vulgar de las gentes y los lugares cualquiera que fuera su geografía era cuestión de transitoriedad sociológica, pura antropología mundana, sainetes de primavera sin interes tertuliano, en el mundo menos y más próximo, se decía, todo funciona a golpe-remache, media humanidad se encarga de criticar a la otra media y a mí no quiero que me pillen en medio, al fin y a la postre cada cuerdo tiene su manía y una manía no es patrimonio de nadie, por eso, ...el té es bebida del gusto de mucha gente, incluso de corte refinado inglés, y, yo, se dice: -¡no lo tomo en cualquier parte! quiere decir lo cual, por ser manía...

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