3/2/12

Chiflado y en la luna

¡Ayyy! lo que envuelve la Luna, con que garbo corteja la Tierra, con que gracia le enseña su mejor cara siempre, tan blanca, tan pulida, haciendo de sus guiños rugosos hojas de lirio bañadas en misteriosos claroscuros que ensalzan su siempre elocuente sonrisa. ¡Qué daría por ser lago de su rostro para poder refrescar su altanera belleza !
Así ensimismado, buscando la forma de ser rayo antes que trueno, desde su estado de volatilidad mental, piensa y reconsidera cómo sería el estadio más sublime de su mente, subido en el carrusel de las caras de la Luna, aunque quizás sea imposible tan siquiera imaginarlo y sólo la conformidad de la fantasía es la que le haría ver lirios donde solo hay, ...eso, Luna.
En tales fases del pensamiento anda con frecuencia el chiflado, dando tregua a sus más íntimas manifestaciones cognitivas y de forzada erudición que la mayoría de las veces no le llevan sino a vaciar los sentimientos y ahogarlos en delirio, por aquello de que con la intención se sufre y con la amnesia se relaja el entendimiento.
Una de tantas... en las que anda el chiflado entre pensar y pensamientos..., de repente, como tocado por un resorte mágico, descompone su figura y en ademán de haber sido alcanzado por la inspiración o sacudido por una singularísima idea, gesticulando más con las manos que con las entendederas, frunce el ceño y girando sobre si mira al cielo y..., decepción, es de día, además, día de invierno, sin Sol, y ¡claro!, ...sin Luna, gira en busca de si mismo como si no se llevara, casi se encuentra, ... ¿soy o estoy?, ¿quién y dónde? Con sigilo, reencontrado por fin entre giro y giro, como avisado por un pellizco hipnótico, se queda embelesado y en suspiro vehemente con voz pausada y grave en intento de interesar exclama con convencimiento:
-¡Hay que ver!, ...la Tierra y su redondez, como la Luna y la suya, en diferentes aposentos tanto en el tiempo como en el espacio. El caso es, pensándolo bien, que en el espacio y en el tiempo todo es relativo, y no en ellos sino entre ellos. Si uno observa el espacio desde el tiempo no apreciará lo mismo que si observa el tiempo desde el espacio; ¡qué eminencia soy, llegar a tal reflexión no es moco de pavo..., por que, vamos a ver, ¿es fácil encontrar un pavo sin moco?, ¡eh, eh?, pues entonces..., por eso desde el espacio se puede ver la redondez de la Tierra pero no puedes saber cuanto vas a tardar en resbalarte cuando pierdes la verticalidad de los polos, ¡ah! Esto tampoco es moco de pavo; ...¡claro, claro! es que todo no es tan fácil como uno se puede creer y no es que sea todo relativo sino que si cuando estás observando el tiempo desde el espacio se presenta una tormenta y estás en la mitad de arriba de la Tierra, haber como avisas a la mitad de la población que se queda debajo, en la mitad opuesta ¿eh, eh?; y, si pasara al revés menuda complicación, con qué argumento explicas que el agua que lleva la tormenta cae para arriba, que no sería caer que sería empujar. ...No, no es fácil, no, porque ¿qué es el tiempo, eh, qué es? Y ¿qué es el espacio, eh, qué cosa es, eh?
Pero se puede ir más allá, voy a imaginar que me dan un susto, y que me lo dan desde el espacio, cuando quiera percatarme y decir ¡ah! , el tiempo ha caducado, ya no procede decir ni ¡ah!, ni ¡oh!; sino: -¡oye acercate si quieres que me asuste! Por eso, ni el tiempo es espacio, ni el espacio es un susto. Y, ahí reside el espíritu de la relatividad del espacio y el tiempo, que no es capricho, ¡que no, que no...! Un suponer, tu y yo vamos a realizar un mismo recorrido y con seguridad no vamos a tardar lo mismo, el tiempo y el espacio aquí es relativo porque hay muchas circunstancias que contemplar: el número de calzado, las pulsaciones, el estado del terreno, la temperatura, el sentido del tacto, la presión atmosférica, la tensión arterial, etc, etc...; y esto sucintamente, que si se observan las circunstancias de manera exhaustiva, ¡buaggg! La relatividad del espacio-tiempo sería inconmensurable e incontrovertible desde cualquier punto de vista ajeno a los parámetros preconcebidos de: igual distancia a recorrer e igual instante de salida...
En estas cosas esta el chiflado, situado en el puesto de observador cuando parado ante si, empieza a percibir su propia relatividad. Contempla sus pies subidos a los zapatos y ensimismado, al cabo de un rato reflexiona: -si la Tierra se mueve, yo me estoy moviendo; pero será para quien me mire porque ni un milímetro ha variado mi cuerpo, ni tampoco mis pies porque no se han movido mis zapatos; aunque claro, a lo mejor todo esto es cuestión de tiempo y no de espacio; pero sigo sin diferenciar uno de otro y si son o no relativas sus cuestiones, ...¡esto no es fácil!
...En tanto ir y venir por los rincones de su habitáculo pensante, el chiflado no deja de pensar en la Luna, origen de sus principales reflexiones, allí está siempre, y basta con mirarla para percibir que siempre muestra la misma cara, no cambia un ápice su expresión, emana belleza y abstrae a quien la contempla, su mirada es fija, siempre sonríe, nunca parpadea, observa y no duerme, siempre está despierta, ¡como me gustaría vivir en ella!, pasearme por sus rincones, hacerle reír y reírme, jugar en sus espacios y con sus tiempos, acompañarla en sus cambios, vestirle de llena y acompañarla en su viaje del cenit hasta ocultarse con la llegada del nuevo día. ¡Qué elegante cuando se viste llena!, sin darse cuenta hace que tiempo y espacio sean entes relativos y por momentos consigue que los ojos la sigan en sus desvelos desnudos pintando de grises los vuelos del alba que la ocultará para guardar su belleza indemne hasta la próxima noche.
Así el chiflado en su recorrido astral entre movimientos sincrónicos de la luna, hipnosis puntual y tirando de volatilidad mental para asimilar la relatividad espacio temporal; y, sin saberse fiel al hechizo tras confesarse enamorado de la Luna, decide habitar en ella delegando en que el tiempo se ocupe de su espacio.

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