5/2/12

Chiflado entre días, espermas y horizontes.

Un cielo cualquiera, tormentoso, azul, anaranjado, rojizo, blanco y algodonoso, o desordenado y atropellado como la azotea de un chiflado, domina cada período de tiempo que la Tierra tarda en dar una vuelta sobre sí misma, y que ha de ser consumido en obligación mundana toda vez que en su estructura existencial ha de dar cuenta de los entes y habitantes que entre inteligentes, menos inteligentes, burdos y menos burdos habitan las torres de viviendas y edificaciones que urbanísticamente “amontonadas” conforma el laberinto de los escenarios de la vida decorados a la sazón de hormigones y asfaltos en su compleja y abrupta fisonomía.
Como un centro de operaciones mundanas, observado por un chiflado, en el horizonte, un día al azar, emerge abriendo en abanico sus placeres, sus problemas, sus estrategias secretas y públicas, sus enigmas, sus fantasías, sus desmanes, sus aciertos, sus devaneos; todos, nutrientes vitales cívicos, racionales, irracionales, fantásticos, misteriosos, aventureros, reales, serios, graciosos, hasta despectivos e inmorales; pero, guarnición en su totalidad del suculento manjar que servido en bandeja de plata hará del común vivir el motor de la existencia.
Despierta un día, cualquier día, es indiferente su atuendo estacional y su ubicación en el calendario, un lunes, un jueves, un miércoles, ... ¡qué más da!, de una u otra forma, en uno u otro orden, abrirá de muy diferentes maneras en su hacer y por necesidades del guión de la vida vestirá un traje diferente en función de la geografía universal por la que dance y bailará al compás de ritmo improvisado haciendo uso y gala de cuanta cadencia en los pasos le permita para en cada lugar hacer de su argumento, espectáculo. El mundo es su ombligo, su maleta el tiempo y su equipaje un ejército de “chiflados” fijos u ocasionales, racionales o irracionales de entre los muchos que aguardan hacer aventura.
...Decía Descartes, de la sustancia, que era una cosa que existe y no necesita nada más que de si para existir. Nada más a mano para ejercer de vehemencia en la concepción de la universalidad de los conceptos que llevan a maquinar veleidades a un chiflado que, si encima hace tropa con la propia ingesta de argumentos mundanos, hará de la digestión un calvario de problemas cuya asimilación será más bien un ímprobo ejercicio de membrar y desmembrar la inteligencia. Quizás, uno de los bucles de la intelectualidad que pudieran marcar tendencia en el hábitat urbano por eso de la inteligencia controvertida, sería, ¡cualquiera sabe!, la temporalidad de los espermas -causa y efecto de la prolongación de la “existencia”, según el chiflado-, cosa que a modo de arbitrariedad inoportuna tratarla en referencias insustanciales a su propia concreción biológico-urbana, podría desembocar en disparate o locura, por no decir en lunática chifladura. ...Ellos, los espermas biológico-urbanos, al igual que la permanencia limitada de la claridad en los días, tienen también su temporal existencia real y no son pues producto de la imaginación; aunque, si: sustancia es lo sensible, lo que cambia, entonces si puede que la imaginación tenga algo que ver con su inusitada realidad, o con la sucesión de los días y las noches por eso de: ¡qué lejos vuela la imaginación cabalgando en su propia fantasía!. ...¿Y qué tienen que ver los espermas con el horizonte, y con el día? ...¡todavía con las noches!; pero...?, ¿no sé, no sé...?
A no ser que alguien piense que el Sol sale por el horizonte montado en un esperma, o vestido con la capa de la filosofía de la sustancia, ¡eso sería rizar el rizo de lo paranoico, de lo extravagante, de la exuberancia extraparanormal sin límite!, ¡qué barbaridad!, dice, el chiflado, desde su observatorio habiendo perdido la noción de lo que observa ...¡que reflexión más absurda!, de ser así, el horizonte cerraría su puerta a cualquier día soleado, y el escenario vital perdería la magia de su encanto.
Y así, ...un día cualquiera, con espermas o sin ellos, el cielo plomizo o apesadumbrado, alegre o exhausto, las soberbias del mundo rellenas de chocolate y servidas en hojaldre, las cuitas del chiflado a buen recaudo de su locura, el día y la noche formando hebilla para ajustar el cinturón de la existencia, el mundo intentando subsistir por eso de que “ser en si” es lo mismo, y ende-redor de tal galimatías de acciones y percepciones que rozan el filo de la extravagancia en el razonamiento de existir o resistir, la vida corre en torrente dejando su huella por la fisonomía urbana que, cincelada en asfalto y hormigón, es cómplice del fluir de la actividad diaria de cuantos la habitan y que como parte integrante del batallón humano en etérea aventura a golpes de sístole y diástole hace de la “parte racional de la creación”, incluidos los chiflados, el motor y el centro neurálgico de operaciones de la vida y de su propia consustancialidad.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.